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Rincones literarios
Los rincones del modernismo – Sobre las obras de Ödön Lechner

Katalin Keserü
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Cúpula del Museo de Artes Aplicadas
Cúpula del Museo de Artes Aplicadas

La complejidad del arte arquitectónico de Lechner continúa siendo el elemento decisivo del panorama urbano de Budapest.

Contemplando sus edificios desde arriba, destacan las torres, las linternas, las cúpulas, las diversas formas de los tejados y la ornamentación de los mismos. En la iglesia neogótica de Kõbánya (1891-1897), las tejas de color que cubren los chapiteles con estrechas curvas parabólicas, las fajas decorativas de cerámica, las cenefas plásticas de las cornisas, del frontón de la fachada y la entrada, y la ornamentación floral en pirogranito dan a la dimensión celestial del edificio un sentido propio y vital, y una trascendencia distinguida. Su significado cobra fuerza en el Museo y Escuela de Artes Aplicadas (1891-1896), de cuatro alas y espacio extenso y abierto, Desde el adorno del ápice de la cúpula india de color ocre, una linterna que evoca una luz dorada verdusca hacia dentro, hasta la baranda de pirogranito que cubre los pilares del gran vestíbulo, se siguen formas y motivos vitales. El arte poético del edificio es la unidad de la escultura, la arquitectura y la cerámica (las artes visuales), cuya misión sublime está simbolizada por la cúpula.

La aguja de los chapiteles arqueados del tejado azul del Instituto de Geología (1896-1899), un edificio más macizo, luce un globo terráqueo. Desde ese emblema llegamos a las figuras de cerámica azul del murete de ladrillo y hierro forjado que separa el edificio de la calle. En cambio, el tejado de la Caja Postal de Ahorros (1899-1901), que tan bien se amolda al panorama de la calle, se separa de los paramentos y deja ver un rico imperio de artes plásticas. En el centro se alza una figura emblemática, la torre principal, de color ocre dorado y verde, sostiene un motivo con cabeza de toro, el hallazgo real de Nagyszentmiklós. Un caballete con adornos dinámicos de cabezas de dragón y serpiente conduce a las figuras de unas serpientes que se retuercen, bailan y luchan en las torres esquineras. Ese simbolismo, que alude al doble sentido cultural del tesoro en el “templo” de la nueva era, es decir en un instituto financiero, es bastante insólito. Igual de insólita fue la colaboración de Lechner con la Fábrica de Porcelana de Zsolnay, gracias a la cual a muchas ciudades de la antigua Monarquía llegó la versión lechneriana de la arquitectura en color.

Observando desde la calle los edificios de Lechner, en su mayoría eclécticos, no llamarían la atención si sus paredes vidriadas, sus cornisas (Ayuntamiento de Kecskemét) y sus frontones (Caja Postal de Ahorros) revestidos de cerámica esmaltada no atrajeran las miradas. Los motivos de las superficies de la fachada son de origen vegetal o tomados del arte popular, empleando además su peculiar manera de agruparlos. Las verjas de hierro son variaciones más libres, enriquecidas con figuras de animales. Las complejas aberturas de las paredes, las ventanas geminadas o múltiples y sus marcos curvos, las destacadas entradas, los jardines –que corresponden a los motivos y formas del entorno y de la ornamentación del edificio–, son ejemplos de la introducción de la naturaleza en la ciudad y de la apertura de la arquitectura hacia el mundo exterior.

Sus interiores se caracterizan por la organización de espacios abiertos y entrelazados. El revestimiento plástico de los pilares de hierro forjado en el vestíbulo del Museo y Escuela de Artes Aplicadas, las paredes y la falsa cúpula cubierta de cerámica esmaltada, la barandilla de las escaleras –esculpida en pirogranito– y el mosaico del pavimento evocan la arquitectura árabe e india, rica en cerámica figurativa, además del arte popular húngaro. Anticipan la grandeza oriental del espacio principal –la sala de exposiciones– situado en el eje central del edificio. Lechner combinó en el Museo de Artes Aplicadas los espacios introductorios tan habituales en los museos (anteriormente en los palacetes), y en su plano, abiertos y llenos de luz, con un nuevo tipo de sala de exposiciones que está a la vista nada más entrar en el edificio. Con eso anticipó la concepción de los edificios modernos, actuales. Fue el creador del espacio continuo o fluido en la arquitectura húngara, como Horta en Bélgica y Gaudí en Cataluña, lo que estaba estrechamente vinculado con el “espíritu de la época”, el culto a la vida y al movimiento. Las estructuras de las construcciones de Lechner posibilitaron que las paredes, las ventanas y las puertas interiores, las escaleras y los antepechos, y las barandillas cobraran formas ondulantes, y así armonizaran con el espacio fluido y el movimiento perpetuo.

Lechner, “el artista de la decoración”, hizo valer los colores, aparte de las formas cerámicas transformadas en obra y elemento arquitectónico, incluso en los espacios interiores; los enfatizó en los frescos –que venían a sustituir las hasta entonces paredes monocromas– y en los muebles –a veces también pintados– con la ayuda de elementos cerámicos en vez de los arquitectónicos en los espacios interiores (Villa de Béla Sipeki Balás, 1905-1907).

Al mismo tiempo que creaba composiciones armónicas de espacios, luces, colores y formas, elaboradas a partir del historicismo, Lechner empleó en sus casas con fachada a la calle y de construcción libre un principio de composición procedente de otra fuente.

Lechner creó en Budapest, haciendo valer su propio mundo de formas, dos modelos diferentes de un mismo concepto: la Villa de György Zala (1898), una casa completada con el enorme estudio del escultor, es pintoresca por la alta estructura del tejado, las torres y las diferentes alturas de las paredes de los tres bloques. De la gran antesala se abren las escaleras que van a la primera planta, y todas las estancias importantes (una de ellas se alarga con un solario hacia el jardín, y en el otro lado hay un pequeño taller que lleva a un gran estudio de ventanas monumentales). La más tardía Villa de Béla Sipeki Balás (1905-1907) es pariente de ese edificio. Da la impresión de que en la primera década del siglo XX, Lechner volvió a definir en este tipo de edificio y entorno más íntimo la idea del espacio fluido elaborado desde un núcleo central. El nuevo elemento esencial de la nueva definición es la presencia de los espacios (terrazas, galerías, solarios y porches) que entran en contacto con el entorno de diversas maneras, lo que supuso el resultado peculiar de un diseño desde el interior hacia fuera.

La visión espacial, fundamental en el movimiento Arts and Crafts, llegó a ser el principio básico de Lechner, y aunque los creadores contemporáneos del espacio continuo o fluido dieron un paso hacia sus versiones todavía más libres, la complejidad del arte arquitectónico de Lechner continúa siendo el elemento decisivo del panorama urbano de Budapest.

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