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Rincones literarios
“Si fuera agua que corre, no sabría de penas…”

Enikõ Karádi Héder
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País Csángó
País Csángó

Húngaros en los Cárpatos Orientales y más allá

Si fuera agua corriente,

No sabría de penas,

Entre montes y valles

Iría cantando.


Las montañas de los Cárpatos Orientales –actualmente el territorio fronterizo al noroeste de Rumania– es una región con leyes propias, lleno de bosques y arroyos donde el rey Béla IV en el siglo XIII instaló guardias de frontera húngaros y sajones después de la devastación de los tártaros. Aquí se encuentran los raíces de este etnia húngara de los confines orientales, que a lo largo de los siglos fundaron varios pueblos. Pese a que los pueblos han sobrevivido a la vorágine de los años y de la política, la identidad húngara ya casi solamente se guarda en la memoria. Entre estos pueblos a menudo no hay ningún tráfico rodado, tan alejada está esta comunidad del mundo occidental y donde la vida está marcada por una religiosidad profunda que es a la vez su máxima referencia de identidad.

El nombre genérico de los húngaros que viven al Este de los Cárpatos es csángó que tiene sus orígenes en la palabra elcsángál –vagabundear, errar–, un apodo dado por los pueblos vecinos. Aunque en el dialecto székely el verbo csángál se refiere a la forma de hablar ceceando.

La gran mayoría de ellos vive en la Moldavia de donde en el siglo XVIII una parte se fue a las montañas de Gyimes para vivir básicamente del pastoreo por los neveros.

En el territorio que actualmente forma parte de Rumania se extendió la religión ortodoxa y unitaria, pero debido a su enorme solidaridad los húngaros csángó han conseguido guardar su fe católica. Durante los siglos revueltos la llanura al este de los Cárpatos sufrió bajo la dominación húngara, turca, rumana y soviética, pero el mayor efecto en el siglo XX lo tuvo el gobierno rumano. Los nacionalistas rumanos hicieron todo lo posible para impedir el funcionamiento de las escuelas de enseñanza húngara, y en las iglesias estaba prohibido decir misa en el “idioma del diablo”.

En los años 1950 se tomaron medidas especialmente violentas: se prohibió el contacto con los húngaros de Transilvania y Hungría y la falta de la prensa y literatura en idioma húngaro provocó la perdida de la clase intelectual de los csángó. Gracias a su aislamiento étnico lograron guardar sus tradiciones seculares que hoy en día están desapareciendo gradualmente. Por desgracia ya sólo los mayores hablan el húngaro, pero si en el censo se les pregunta por su etnia la respuesta es “católico romano”.

Todavía existe un tímido interés por las misas en lengua húngara celebradas de vez en cuando por curas de visita, pero no es general. La única oportunidad segura para escuchar el sermón en húngaro es la grandiosa fiesta de Pentecostés en Csíksomlyó que se celebra la primavera. La Asociación de los Húngaros Csángó en Moldavia hace diez años inició un Programa de Enseñanza Csángó que agrupa a profesores húngarohablantes y jóvenes entusiastas que quieran enseñar el legado de sus abuelos a los más pequeños (más información en: www.csango.ro). Este legado es un conjunto de tradiciones populares sumamente diverso y antiguo. Su mayor tesoro es la poesía y música folclóricas cuyo fin era aliviar las dificultades de la vida rural y jugaba un papel importante en el día a día. Gracias a Zoltán Kallós un sinfin de melodías y letras fueron recogidas en los hogares csángó y en el fonó, lugar comunal donde se hilaba la lana. El fonó era la única posibilidad de diversión para los jóvenes en los pueblos de Moldavia, donde mientras se convertía el tamo de lana en hilo se trababan amistades y se conocían los mozos casaderos. Fue el lugar perfecto para el cortejo y para buscar pareja donde ayudaban las canciones de burlar, emparejar y las baladas populares. Cantos sobre las vicisitudes de la vida rural, los tormentos del amor, la profunda fe en Dios y las alegrías a menudo lúdicas.

Sus trajes coloridos, camisas y pañuelos con flores, reflejan sus tradiciones: la prenda característica de las mujeres es el maneto solapado por delante, y la de los hombres el sombrero adornado con stipa plumosa. El interior de sus casas se decora con manteles y tapices a rayas de varios colores. Su comida cotidiana es la sémola de maíz mezclado con agua o leche hervida, el plato de los pobres por excelencia.

Los visitantes del País Csángó (Csángóföld) de repente se encuentran en un entorno rural auténtico que era general a principios del siglo XX por toda Hungría. Pero mientras los pueblos húngaros se han modernizado, los csángó han conservado su dialecto regional que lleva huellas medievales. Los székely de Transilvania guardan su cultura gracias a una fuerte identidad húngara, pero para salvar las tradiciones csángó se necesita ayuda desde Hungría.

Desde hace catorce años en febrero se celebra en Budapest el Baile Csángó con el fin de hacer conocer la cultura de Moldavia y Gyimes a los visitantes húngaros y extranjeros a través de una fiesta de bailes que dura hasta la madrugada. Este verano –entre el 3 y el 8 de agosto de 2010– la ciudad de Jászberény organizará el vigésimo Festival Csángó con una feria de artesanía, espectáculos de música y baile populares que pretenden acercar la cultura del lejano País Csángó a los habitantes de la “madre patria”.

Si fuera agua corriente,

No sabría de penas,

Entre montes y valles

Iría cantando.

Entre montes y valles

Iría cantando.

A los prados de guadaña

Portaría arena.

A los prados de guadaña

Portaría arena.

Por las orillas de guijarro

Criaría violetas.

He plantado violetas

Espero su brote

Espero el volver

De mi viejo amor.

Ha brotado la violeta

Ha sacado flores

Pero mi viejo amor

No ha vuelto nunca.

Por las orillas de guijarro

Hay tórtolas sin par,

Yo soy, mi querido,

Una de aquellas.

Yo soy, mi querido,

El culpable por ello,

Porque en este mundo,

nunca parte he tenido.

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