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Rincones literarios
Szigetvár, la ciudad de las viejas glorias

Kinga Dornacher
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El asedio de Szigetvár
El asedio de Szigetvár

Pocos húngaros no han oído nunca el nombre de Miklós Zrínyi. El abuelo y el nieto del mismo nombre forman parte de la cultura húngara. De hecho ’salir o irse pitando’ en húngaro es “salir como Zrínyi”. La epopeya del nieto, el Asedio de Sziget, es lectura obligatoria en las escuelas secundarias, y aunque es del siglo XVII y está escrita en un lenguaje difícil para los jóvenes lectores, tiene bastante éxito. Tal vez porque habla sobre un pasado glorioso, sobre valores cuya pérdida los húngaros del siglo XXI siguen añorando.

“No escribo con pluma

Ni con tinta negra,

Sino con espada,

Sangre enemiga,

Mi eterna fama”.


Situada a 30 km de Pécs (que será capital europea en 2010) completamente desprovista de desniveles, Szigetvár es una pequeña ciudad húngara de 11.000 habitantes destartalada y poco graciosa que no deja en absoluto adivinar los maravillosos paisajes de la región suavemente montañosa el Zselic, que se extiende sólo un poco más al norte, ni de la gloria pasada ligada a su nombre, presente en la memoria de todo húngaro que haya ido más allá de la enseñanza primaria.

Su nombre (Sziget-vár: castillo – isla ) indica que su primer elemento, una torre fortificada de tres pisos, fue construido sobre una lengua de tierra que se extendía, como si fuera una isla, por encima de la zona de inundaciones cenagosas del riachuelo Almás, en una región que lleva huellas históricas celtas, romanas y avaras.

Durante el periodo de expansión del imperio otomano, tras la derrota de Mohács de 1526, el castillo se encuentra en primera línea del avance de las fuerzas turcas, su importancia estratégica crece, y su arquitectura se ve consecuentemente reforzada para hacerla una de las plazas fuertes de los confines cuyo papel era proteger Europa de la conquista de las fuerzas musulmanas.

En 1541,el señor del lugar, Bálint Török, es hecho prisionero por el sultán turco Suleiman I y su esposa, que queda sin defensa, deposita la plaza fuerte en manos del emperador Fernando I de la casa de los Habsburgo. La ciudad es sitiada nuevamente en 1556 y Miklós Zrínyi, caudillo que tiene en su activo brillantes victorias contra el invasor, es nombrado capitán. Tras la muerte de Fernando se opone al pago de un tributo de guerra a los invasores, lo que aumenta la cólera del sultán: a partir del 9 de agosto de 1566, con un ejército de 100.000 soldados asedia la ciudad protegida por Zrínyi y una guarnición de 2500 hombres. Suleiman muere en su tienda durante la noche del 5 al 6 de septiembre, pero la noticia es mantenida en secreto con el fin de no disminuir el valor de las tropas (pero el corazón y las vísceras del soberano son enterrados de escondidas, y su cuerpo embalsamado con el fin de engañar a sus soldados). Zrínyi espera en vano la ayuda de las tropas imperiales estacionadas en Gyõr con vistas a reforzar la protección de Viena. El 8 de septiembre, con 300 sobrevivientes, efectúa una salida tan heroica como desesperada de la plaza fuerte en llamas: es hecho prisionero inmediatamente y decapitado. Su cabeza es enviada a Gyõr sobre la punta de una lanza para intimidar a las fuerzas imperiales.

Cerca de un siglo más tarde, en 1651, el último nieto del capitán que lleva el mismo nombre e igualmente caudillo de gran mérito, publica en Viena una epopeya que lleva por título Szigeti veszedelem (Asedio de Sziget). Esta obra cuenta los hechos heroicos de su antepasado con la esperanza de avivar los recursos morales y la solidaridad de los húngaros tanto contra el ocupante turco como contra la casa de los Habsburgo que deja de perder sus victorias frente al imperio otomano por la firma del tratado de paz de Vasvár (1664).

Un paseo en el Szigetvár de hoy resulta emblemático de estos confines de una Europa abandonada a su suerte. Si su situación es tan precaria no es por falta de “savoir-faire” o de valentía: han sabido acoger y hacer fructificar el conjunto aportado por las culturas de los alrededores: serbia, croata, bosnia e incluso, de tiempos pasados, otomana. Ayer como hoy hay que ver la razón principal en la miopía y la corrupción del poder instalado, centralizado y al servicio de intereses ajenos a la población local.

Los únicos elementos que ofrecen alguna belleza al visitante son el parque secular que rodea lo que queda del castillo fortaleza y la pequeña plaza adornada con un león que representa al héroe de la ciudad. La iglesia católica, de estilo barroco, sólo presenta una particularidad especial, la de haber utilizado el edificio de la vieja mezquita que data de la ocupación turca y de la que algunos elementos todavía son visibles.

El lugar de sepultura del corazón y las vísceras del sultán Suleiman I situado a 3 km al norte de la ciudad, es hoy en día el Parque de la amistad turco-húngara y continua siendo uno de los únicos lugares de peregrinación de los musulmanes en Europa.

El centro cultural y artístico de gran tamaño inaugurado en 1994, cuyos costosos planos fueron diseñados por el prestigioso arquitecto Imre Makovecz está todavía vacío por falta de financiación.

Los baños termales adecuados para los dolores articulares y reumáticos, han sido apreciados por la población desde su creación inmediatamente después de la aparición de la fuente en 1966. La renovación realizado desde el 2005 al 2008 según los planos del mismo Makovecz lo han convertido en un establecimiento lujoso y, por lo tanto accesible a un público principalmente extranjero.

La empresa de conservas y la fábrica de zapatos que daban trabajo a la población de los alrededores han sido compradas, después del 1989, por empresas extranjeras que las han cerrado (total o parcialmente) con el fin de asegurarse el mercado de sus propios productos.

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