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Fútbol y letras
László Darvasi

La pregunta
La familia Thyssen-Bornemisza es, en parte, de origen húngaro. ¿Qué significa Bornemisza?
Es un nombre frecuente en Hungría quiere decir “el que no bebe vino”.
No tiene sentido, es el nombre de una familia noble que probablemente procede de un topónimo.
No se conoce el origen de la palabra Bornemisza. Es posible que tenga antecedentes georgianos.
Respuesta

La lectura del mes
Géza Csáth

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Personajes
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György Kurtág Junior, foto: Judit Kurtág
György Kurtág Junior, foto: Judit Kurtág

“Mi música depende del momento”– entrevista a György Kurtág Junior, diseñador de sonidos

György Kurtág Junior

1955–

Hijo de una distinguida familia de músicos, estudió composición en la Academia de Música de Budapest. Después de emigrar a Francia en 1980 se integró en el Instituto de Investigación y Coordinación Acústica / Música de París (IRCAM) como compositor investigador y asistente musical. Más tarde fue encargado de la dirección musical del Centro Pompidou y del Louvre. Es fundandor y miembro activo del grupo musical Lux Nox Mix. Actualmente reside y trabaja en Burdeos. Nos hemos citado con él en Budapest, donde ha participado en el concierto de un conocido grupo de rock húngaro.

LHO: Es de lo más insólito que en un concierto de rock participe un compositor de música contemporánea. Han tenido mucho éxito.

GKJ: Sí, la verdad es que hemos recibido muy buenas críticas, y yo mismo pienso que hemos hecho un espectáculo realmente emocionante. Me ha encantado. Siento que es el final de mi exilio, que acabo de llegar a casa. Porque ya había tocado en Hungría antes, pero no ante tanta gente y nunca había tenido la oportunidad de tocar la música que yo hago, sin compromisos. Ya de niño soñaba con tocar mi música para un público de rock, y no para el de “música triste”. Y ha funcionado.

LHO: Ha interpretado un singular dúo con el bajista tocando el sintetizador y un instrumento de ritmo electrónico. ¿Cómo nace una pieza así?

GKJ: Pues, con dificultad. Dos días antes todavía no sabíamos qué íbamos a tocar. Pero la música nace haciéndola y no imaginándola. En la creación, el tiempo no es lineal. La buena idea llega siempre en el último momento: y entonces ocurre el milagro. No hay que trabajar con prisa, todo lo contrario, la creación es un proceso lento.

LHO: ¿Lo que han hecho es algo que se puede reproducir o es único?

GKJ: Le voy a contar una cosa. Yo vivo cerca de Burdeos, a la orilla del río Dordogne. Por las mañanas suelo contemplar el paisaje, pero nunca lo veo igual. Cambia el color del río, en función de las nubes y de la dirección en la que el río fluye, porque el Dordogne fluye en dos direcciones. Esto es lo que yo llamo contexto. Y lo que me interesa es cómo puedo crear una música que dependa del contexto y no de la estructura. No es lo mismo tocar en la sala de ensayo que en la sala de concierto. Mi instrumento es la acústica de la sala. Y tengo que conocerla. Me interesa cómo resuenan los sonidos de la sala.

LHO: Y cuando toca, ¿puede tenerlo en consideración?

GKJ: Claro, yo coloco mis oídos junto a la mesa de mezclas.

LHO: ¿En qué medida tiene en cuenta las exigencias del público, lo que les causa placer en primer lugar, como por ejemplo el ritmo, la melodía, las armonías?

GKJ: Pues, esta cuestión no me la planteo así. Trato de imaginarme al público lo más inteligente posible. La música grabada tiene un grado de complejidad que no se puede comparar con la de la música en vivo, pero ésta última tiene una fuerza extraordinaria. Posee su propia vida, que ya no está bajo control de nadie. Si lo que haces es sincero y digno de crédito, funciona, independientemente de las expectaciones del público. Es lo que ha pasado en el concierto del sábado. Yo he tocado mi música ante un público de rock, y le ha encantado.

LHO: ¿Cuál fue el primer instrumento que tocó?

GKJ: El piano. Pero no me gustaba. Conceptualmente yo me encontraba en un nivel más alto de lo que era capaz de tocar. Había una tensión entre la idea y la realización, lo que inevitablemente conducía al fracaso. Luego, por influencia de la música de los Beatles, decidí aprender a tocar la guitarra eléctrica, pero me tuve que contentar con la clásica. En el 67, al escuchar por primera vez a Jimmy Hendrix, y en el 71, cuando Woodstock, me di cuenta de que existía un puente entre la música rock y la música moderna. Empecé a componer música moderna para guitarra eléctrica.

LHO: Luego estudió en el conservatorio de Budapest.

GKJ: Sí, y justo al día siguiente de acabar la mili, me subí al tren y me fui a Francia. Llegar a Francia, al IRCAM, fue como aterrizar entre marcianos. Una noche estaba buscando papel pautado, y ¡no había! Resultó que los sonidos y la música no tenían nada que ver, que a la acústica y al conservatorio los separaba el muro de Berlín. En el IRCAM aprendí un montón de cosas, conocí la tesis del timbre musical, pero me di cuenta de que sólo con producir un sonido no se hace música. Y entonces mi interés se dirigió hacia la comunicación del hombre con las máquinas. ¿Qué hay que alterar en un sonido, mientras está en proceso, para que de esto surja música, expresión?

LHO: ¿Tiene interés también por la lengua o sólo por la acústica de la música?

GKJ: Lo que me tiene intrigado es el pensamiento, el tiempo de su duración. Lo concibo como un movimiento. ¿Qué pasa en el cerebro entre el origen de la idea y su realización? En la música que yo toco, el problema radica siempre en la falta de tiempo, no me queda tiempo para analizar qué es lo que necesito. Hay que tomar decisiones importantes como un relámpago, en un sistema dinámico, y estas decisiones están terriblemente ligadas al momento. La pregunta es, ¿cómo se puede dilatar el momento? Y aquí entra el tema de la sensibilidad del contexto. En mi grupo, la interpretación en común sólo es posible porque reflexionamos con rapidez, mientras que el contexto se desarrolla muy lentamente. Esperamos que llegue la reacción de los otros. Es por eso, entre otras cosas, que mi música no es rítmica. Mi música depende del momento.

LHO: ¿Cómo se formó su grupo el Lux Nox Mix?

GKJ: El caso es que los ingleses querían un grupo que no tuviera repertorio. Que cada concierto fuera diferente. Lo importante era esto, y no la improvisación. Y si lo que me interesa de la música es la parte comunicativa, pues, la melodía, el ritmo o la armonía caen víctimas. Lo interesante es cómo se desarrolla la música, en qué dirección avanza, cómo se estructura. En un momento dado aparece un pensamiento más fuerte que los otros y los atrae: es como la gravitación. Hay un determinado movimiento hasta cierto punto, pero luego hace falta algún cambio. Y entonces ocurre algo que marca un nuevo camino. Lo que crea la tensión es precisamente este proceso, como en otras músicas el ritmo o la armonía. Lo interesante es cómo del caos nace una forma palpable para todos.

LHO: ¿En qué medida forma parte el público de este contexto?

GKJ: Mucho. Se trata de una comunicación de tres polos: entre el hombre y el sonido, entre los propios músicos, y, evidentemente, entre los músicos y el público. En un concierto de rock esta relación es obvia. ¿Queréis cantar conmigo? Síííí. En un concierto de música clásica el punto común es que el público espera que ocurra algo, escuchar un determinado acorde, por ejemplo, pero éste llega siempre con retraso, con lo cual se crea tensión. Otra fuente del placer en la música clásica es que su forma comunicativa está muy elaborada, es muy fácil orientarse en el tiempo. En cambio, en nuestra música esto se ve complicado, es una especie de escalada intelectual. ¿Qué demonios va a ocurrir? ¿Y qué consecuencias tendrá? O sea que es un constante juego temporal: ¿puedo adivinar a partir del pasado qué sucederá en el futuro? ¿Puedo reconocer las direcciones? En realidad, los músicos y el público están en el mismo nivel, porque tratan de atribuirle algún sentido a lo que está pasando, partiendo del momento dado. Este tipo de música no se escucha respaldándose. Hay músicas que se asemejan a los viajes organizados, quiero decir que constan de elementos archiconocidos, y su contenido de suspense es muy bajo. Mientras que si andas por la selva, tienes que estar pendiente todo el rato de dónde está la serpiente. Y me interesa esta forma de escuchar música, que, claro, pone en movimiento estratos psíquicos muy profundos, por eso es que a mucha gente no le gusta .

LHO: ¿Es importante para usted cuántos acuden a escuchar su música?

GKJ: Sí, por supuesto. Pero ha habido ocasiones en las que yo he dado un concierto para una sola persona. Lo que odio es tocar al aire libre. La música que yo hago se escucha desde una distancia íntima, de conversación. Cuando viene poca gente, les invito a sentarse en el podio, junto a los músicos.

LHO: A usted le preocupan mucho las artes visuales, ha compuesto música para varias películas, y en uno de sus recientes espectáculos ha colaborado con bailarines. ¿Qué relación tiene con la literatura?

GKJ: Yo tengo relación con la lengua que precede al habla. Lo que me interesa es el estado preverbal de la lengua, cuando los sonidos todavía tienen sentido de palabra. Este es mi mundo, el caso límite entre el ruido, la música y la comunicación preverbal. Cuando se forman frases, mi cerebro se bloquea, hay demasiada información para mí. Es curioso, porque mi padre (el célebre compositor György Kurtág – nota del redactor) tiene una vasta cultura literaria. En la casa de mis padres hay una enorme biblioteca, prácticamente con toda la literatura mundial, en original. Mi padre empezó a aprender griego clásico a los setenta años. De pequeño, por las noches me leían la Odisea, luego el Hamlet, a los diez años devoraba las obras de Balzac, de Dostoyevski.

LHO: ¿Y el Quijote?

GKJ: El Quijote me pareció muy triste. Es que Don Quijote me inspiraba lástima, y eso no lo soportaba. Me identificaba demasiado con él. Volviendo a lo que decía, descubrí a los treinta y pico años que al nacer me había equivocado de familia. Lo que me interesaba, al contrario que a mi familia, intelectual, comprometida con las letras, eran las ciencias naturales; los libros que yo leo, y son muchos, se centran casi exclusivamente en las ciencias.

LHO: ¿En qué idioma lee?

GKJ: Leo mucho en inglés, en francés, desde luego, y también en húngaro.

LHO: Su mujer es de origen catalán. ¿Sabe Usted algo de catalán?

GKJ: No, nada. ¡Y eso a pesar de que Barcelona me encanta! Lo que más me llama la atención es su arquitectura. Y no sólo Gaudí. Es que por todos lados hay ideas, pensamientos, que están ocultos, o tienes que levantar la cabeza para descubrirlos, pero los tienes allí.

LHO: Veremos si el “contexto” de su próxima obra es algún edificio de Barcelona… Muchas gracias por la entrevista.

Eszter Orbán


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