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¿Qué palabras son de origen húngaro en la lengua castellana?
Vampiro, doloman, húngaro.
Cíngaro, ugrofinés, Violante.
Coche, húsar, czardas.
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“La sociedad está trabajando para cortarnos por el mismo patrón”

Anita Moskát

1989–

En la Hungría de hoy, las novelas de Anita Moskát gozan de no poca actualidad. En Los hijos de Babel reinterpreta la historia bíblica de la torre de Babel disecando las relaciones entre religión y superstición, masas y fe. Un lugar para anclar está ambientado en un mundo en el que la tierra ata a los hombres a su lugar de nacimiento, y solo pueden desplazarse los que esperan a un hijo. En las páginas de su nuevo libro, Piel animal, la Humanidad se enfrenta a una nueva especie dotada de inteligencia, los animales se metamorfosean en unas criaturas medio animales, medio humanas. Pero se plantea la pregunta, qué es lo que nos hace humanos y qué pasa si pensamos de una manera estereotipada sobre los grupos que son diferentes a nosotros. Según Moskát, el género fantástico proporciona la oportunidad de examinar problemas bien conocidos desde un nuevo punto de vista.

En la Hungría de hoy, las novelas de Anita Moskát gozan de no poca actualidad. En Los hijos de Babel reinterpreta la historia bíblica de la torre de Babel disecando las relaciones entre religión y superstición, masas y fe. Un lugar para anclar está ambientado en un mundo en el que la tierra ata a los hombres a su lugar de nacimiento, y solo pueden desplazarse los que esperan a un hijo. En las páginas de su nuevo libro, Piel animal, la Humanidad se enfrenta a una nueva especie dotada de inteligencia, los animales se metamorfosean en unas criaturas medio animales, medio humanas. Pero se plantea la pregunta, qué es lo que nos hace humanos y qué pasa si pensamos de una manera estereotipada sobre los grupos que son diferentes a nosotros. Según Moskát, el género fantástico proporciona la oportunidad de examinar problemas bien conocidos desde un nuevo punto de vista.

––Escribió Piel animal más o menos paralelamente a la crisis migratoria. El libro cuenta cómo de repente aparecen en el mundo unos seres medio animales, medio humanos, y cómo la humanidad se siente amenazada por ellos.

––Empecé a darle vueltas a la idea ya en 2013, cuando la crisis migratoria aún no formaba parte del discurso público en este país. Cuando el tema apareció en el ámbito público incluso me asusté, no quería que eso llevara la interpretación a otros senderos. Vale la pena contemplar la novela también desde este punto de vista, pero yo quise evitar que esa fuera la única lectura que se hiciera de ella.

––¿Qué es lo que le atrajo de esos semiseres, de esos engendros?, ¿por qué ha elegido esta situación como punto de partida para su libro?

––Quería representar un grupo cuyos miembros pensaran de una manera radicalmente diferente, que tuvieran una imagen de su cuerpo y unos instintos muy diferentes, y que estuvieran determinados por cosas diferentes que los humanos. Que carecieran de modelos paternos y de un lugar en la sociedad, que hubieran caído aquí, literalmente de la nada. Me interesaba cómo iban a encontrar un asidero, cómo iban a suplir la falta de raíces. Me preocupaba más cómo reflexionarían ellos mismos sobre su lugar en el mundo que la reacción de la gente ante la aparición de una nueva especie inteligente. Esto último no deja de aparecer en la novela, pero no fue ese enfrentamiento en el que me centré.

––¿Por qué ha elegido los animales?

––Ya llevaba tiempo ocupándome de la cuestión de la identidad cuando empecé a leer fábulas de animales y me llamó la atención cómo esas narraciones establecían ciertos estereotipos. Por ejemplo que los conejos huían cobardemente de cualquier situación. Pensé que eso podía ofrecer un buen paralelismo al pensamiento estereotipado que tenemos nosotros los hombres sobre ciertos grupos de personas.

––En la novela, los engendros se crean a partir de diferentes animales, y esa diferencia se hace visible en la gran variedad de seres que nacen. No obstante, las medidas para socializarlos tienden a la uniformización. ¿Es esta última una respuesta a nivel social al temor?

––Efectivamente. Desde nuestra más tierna infancia, la sociedad está trabajando, en la medida de lo posible, para cortarnos por el mismo patrón, por ejemplo asignándonos unos roles de género, y en torno a eso mismo gira la educación escolar. Al llegar al colegio estaba llena de preguntas, y al terminar el bachillerato ya nadie tenía ganas de hacer ninguna. Estábamos listos para entrar en la sociedad. Para mí, esto es la uniformización.

––La búsqueda de la identidad, que es uno de los motivos de la novela, ¿puede funcionar como una especie de contrapeso a la uniformización?

––Sin duda alguna. Pero también es cierto que hay muchas cosas que reprimimos en nosotros mismos. Sin embargo es importante preguntarse si los límites y los papeles que uno construye dentro de sí mismo le aportan realmente algo positivo o simplemente los desarrolla porque así se lo han enseñado o así es como lo van a aceptar. Si analizamos a fondo esos modelos, a lo mejor rechazamos ciertos roles, pero al mismo tiempo disminuirá la tensión interior.

––Muchos se imaginan el género fantástico en el eje de Harry Potter y Juego de Tronos. ¿Por qué ha elegido ese género para ese tema?

––De la literatura fantástica, lo que me interesaba era su capacidad de mostrar del revés situaciones que nos son familiares. Y si con las herramientas de lo fantástico le damos una vuelta, entonces quizá seamos capaces de tratarlas desde un nuevo punto de vista y comprenderlas bajo una nueva luz. Dicen que la literatura fantástica es un género escapista, que sirve para alejarnos lo máximo posible de la realidad, pero yo prefiero que las obras de literatura fantástica hablen de la realidad, aunque sea desde una perspectiva completamente diferente.

––¿Podría darnos un ejemplo?

––Me gusta mucho Los magos, de Leo Grossmann. Ese libro, aunque recoge todos los tópicos de literatura fantástica existentes como por ejemplo la escuela de magia o el mundo secundario, al mismo tiempo habla de la búsqueda de caminos de la generación Y. Cuando se publicó, muchos se indignaron porque para ellos la escuela de magia signficaba exclusivamente algo mágico. Sin embargo Grossmann cogió las dos obras de literatura fantástica que se suponía que eran intocables, Harry Potter y Narnia, las bajó a la tierra y las hizo reales. Aunque aprendas el arte de la magia, no serás más feliz, no solucionará tu vida. Aunque llegues a un mundo de fantasía, seguirás siendo igualmente infeliz.

––¿Ha pensado ya en escribir otra cosa que no sea literatura fantástica?

––Me gusta crear mundos. Si escribiera una novela ambientada en el mundo real, tendría que renunciar al juego de inventar una realidad completamente diferente que pueda construir pieza por pieza. Tengo ideas para las que no necesito recurrir al género fantástico, pero aún no he empezado a elaborarlas.


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