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La mujer de múltiples talentos—I.

Margit Vészi

1885–1961

La única reportera húngara de la primera guerra mundial. Pintora surrealista. Cantante de mucho talento. Periodista apasionada. Cuentista y guionista en Hollywood. Figura central de importantes círculos literarios tanto en Budapest, como en París y en Nueva York.

A los diecisiete años, la musa del famoso poeta Endre Ady. La joven mujer maltratada del célebre dramaturgo Ferenc Molnár. La mujer que no se dejó seducir por Puccini. Importante personaje de la vida social italiana en la década de 1920, que vestía de color morado y lucía anillos de amatista, con el cabello teñido del mismo color. Una mujer mayor que cuidaba de su primer marido cuando este cayó enfermo en Nueva York – él millonario, ella dependienta en una tienda de porcelanas. Una mujer vieja que se refugia en un hotel barato de Alicante para intentar llegar a final de mes con su humilde pensión americana. Una mujer que termina su vida con sus propias manos en Mallorca a los setenta y seis años. ¿Quién era Margit Vészi? ¿Y por qué no la conocemos? La vida de las mujeres muchas veces se cuenta relatando las relaciones que han tenido con los diferentes hombres de su vida. Por eso, me cuesta empezar esta biografía con el hecho de que Margit Vészi fuera la hija mayor de un magnate del periodismo. El omnipotente József Vészi no solo disponía y dirigía el Pester Lloyd y otras importantes revistas húngaras en las primeras décadas del siglo veinte, sino que tenía una casa en la pequeña ciudad de Dunavarsány: el punto de encuentro de artistas e intelectuales de la época. Una invitación a este chalet era un reconocimiento anhelado por muchos. József Vészi fue hijo de un borracho dueño de una taberna, y tal vez por eso se empeñó en dar la mejor educación posible a sus hijos. Margit estudió en las mejores escuelas de Budapest y París, y su padre le permitió elegir entre diversos estudios y cambiar de planes todas las veces que a ella le apeteció. El apoyo de los padres, el ambiente que reinaba en Dunavarsány y las frecuentes visitas a París formaron la mente y las ideas de la joven. Margit parecía tener talento para todo: pintaba, cantaba, tocaba el piano y escribía poesía y prosa. Aunque tuviera toda la ayuda financiera que necesitaba, carecía de un verdadero apoyo mental y espiritual. Los diferentes miembros de la familia y los intelectuales que frecuentaban el chalet de Dunavarsány la recuerdan con cierto desprecio resaltando que, aunque mostrara talento en muchas artes nunca logró tener verdadero éxito en ninguna. Al fin y al cabo, dicen, era mediocre. Los que siguen repitiendo esa opinión jamás han leído sus cuentos y reportajes y jamás han visto sus cuadros ahora escondidos en los almacenes de la Galería Nacional de Hungría. Eso sí, todos están de acuerdo en que era una mujer difícil con un carácter indomable y rebelde, que no se conformaba con lo que se esperaba de su sexo. El único mérito que no le discute nadie es el de ser bella e ingeniosa y por eso, objeto de deseo y atención de varios artistas importantes y masculinos de la época. Me pregunto si se podría relatar su vida dejando fuera a estos hombres que aparentemente legitiman que su persona merezca ser recordada. Creo que tanto su relación con el poeta Endre Ady como su breve matrimonio con el dramaturgo de fama mundial Ferenc Molnár explican por qué tuvo que sufrir el estigma de la mediocridad y por qué “era incapaz de elegir y concentrarse” en ninguna de las artes en las que mostraba talento. La adolescente Margit anota en su diario en 1902, cuánto le asustaba el poeta Ady cuando este pasaba una temporada en el chalet de la familia Vészi en Dunavarsány. El poeta bebía mucho, tenía pesadillas y se despertaba gritando. Atraído por la inteligencia de la joven, Ady buscaba su compañía desde su encuentro en París el año anterior. Al padre no le gustaba el galanteo de este poeta que tenía mala reputación, porque era de conocimiento público que bebía mucho y padecía de sífilis. Por eso envió a Margit a París donde ella estudió música y canto, y no pintura, aunque por entonces ya había participado en una exposición en Budapest. Ady –que paralelamente vivía uno de los tormentosos amores que más tarde lo harían célebre– se resignó a que la joven fuera inalcanzable para él. Aun así una década más tarde, publicó una serie de poemas bajo el título Margita quiere vivir (Margita élni akar) cuya protagonista era Margit Vészi. Margit entre 1902 y 1905 estudió pintura en el taller de Sándor Bihari y música en París. Al volver a Budapest se enamoró del célebre dramaturgo Ferenc Molnár amigo de Endre Ady. El padre no consintió el matrimonio porque conocía bien a los alcohólicos, por eso los jóvenes se comprometieron en secreto y la vida de Margit tomó un giro inesperado.


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