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¿Quién es el traductor actual de Imre Kertész, Ádám Bodor y László Krasznahorkai?
Adan Kovacsics.
Mateo Díaz García.
Anna Svetopulska.
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“Lo que me interesa más del silencio es justo ese momento cuando se rompe”

Andrea Tompa

1975–

Omerta fue la novela húngara más aclamada en 2017. Está formada por cuatro monólogos interiores. El libro narra una historia de los años cincuenta en Transilvania (Rumanía). Cuatro vidas se entrecruzan en el Hóstát, un barrio particular de la ciudad de Kolozsvár (hoy Cluj Napoca): una criada de la etnia székely se escapa del marido maltratador y entra al servicio de un horticultor autodidacta que se dedica a encontrar las rosas más perfectas. Una muchacha joven del Hóstát se encapricha del horticultor, hombre ya entrado en años, y aunque la atracción es mutua, ella lo deja cuando se entera de que su hermana, que había tomado los hábitos ha sido detenida y sentenciada a diez años de cárcel por instigar contra el orden comunista. La criada, el horticultor, la muchacha y la hermana cuentan sus historias entrelazadas en forma de monólogos interiores.

[…]

El subtítulo de tu obra es el Libro de los silencios. En la novela figuran varios tipos de silencio – el silencio producido por la falta de comprensión o por culpa de un malentendido, el silencio resignado, el silencio voluntario (voto de silencio), el silencio impuesto como castigo (ayuno de palabras) –, y el monólogo refuerza ese mismo motivo. ¿Cuál es el silencio más importante para ti?

Probablemente tengo una imagen totalmente ingenua e idealizada sobre la literatura porque pienso que es capaz de romperlo. Lo que me interesa más del silencio es justo ese momento cuando se rompe. A veces tengo esa sensación de que mi escritura debería romper algún silencio, pero nadie posee la capacidad de decirme si lo ha logrado o no. La verdad es que valoro mucho el silencio. No el callarse por represión o miedo, sino el silencio que uno siente cuando tiene la mente tranquila y no tiene la necesidad de hablar. Nosotros todavía no nos podemos permitir callarnos.

La expresión omerta – o ley del silencio – se usa también en los círculos de la mafia italiana. A las dictaduras les gusta recurrir a los métodos de la mafia.

Por no decir más… Solo conozco estos dos usos de la expresión: el de la mafia y el del estado de seguridad rumano. No tengo nada que ver con el primero, pero me hace gracia que los dos organismos coincidan en esta palabra.

Muchos tienen una falsa y romántica imagen de Transilvania. La literatura puede tener un rol decisivo en su cambio. Tú has publicado ya tres novelas sobre Transilvania, tal vez no es exagerado decir que te han encasillado en esa tarea. ¿Te agobia? ¿Sientes la responsabilidad de ser la autora que habla de Transilvania?

Mi respuesta tiene dos partes. Por un lado, acepto el encasillamiento porque lo he construido yo. Después de terminar mi segundo libro reflexioné un poco sobre si había otra cosa que me interesara tanto, y me di cuenta de que respecto a este tema mi enfoque se había reducido mucho. No tengo otras ideas que me entusiasmen igual. He leído una entrevista en la revista Teatro a un actor ruandés que durante el genocidio era un soldado de 17 años. Decía que no tenía otra misión en el mundo que hablar de esa experiencia. Creo que eso se puede aceptar. Por otro lado, la responsabilidad me pesa mucho, pero no tanto respecto a Transilvania. Al escribir la Omerta me sofocaba la responsabilidad que sentía por mis personajes. Si uno se mete en la piel de una mujer székely o en la de un biólogo que se ha integrado bien en el partido comunista, tiene que representar su verdad desde dentro. Eso sí que puede resultar muy agobiante. Por una parte, una se pregunta ¿quién soy yo para atreverme? por otra, ¿cómo se puede hablar de ellos con autenticidad, confianza y responsabilidad? A veces la responsabilidad me pesa como un saco de doscientos kilos.

El ¿quién soy yo para atreverme? es un problema que se presenta cada vez más en la literatura. Hace poco el escritor americano Benín H. Winters fue atacado por los críticos porque en su novela sobre la esclavitud, el narrador es un hombre negro (Undeground Airway), mientras él es blanco.

Visto desde las tradiciones es válida la pregunta ¿por qué no habla aquel que lleva la esclavitud en los genes? Pero, ¿qué pasa si esa persona no puede hablar? Conozco a una autora de Hóstát (Cluj Napoca), Anna Diószegi, pero si ella no puede contar su historia es legítimo hablar por ella. Es responsabilidad del escritor si es capaz de hablar en tono auténtico o decide mantener la posición del blanco opresor, omnisciente. En realidad, estamos encerrados en la casilla del intelectual blanco de clase media y todas nuestras salidas son traspasos. Si escribiera sobre el día a día de un ministro eso sí que sería una salida bastante grande por mi parte.

La voz de la monja encarcelada por razones políticas fue también una salida atrevida.

Es cierto, pero creo que en cada persona vive una monja o un monje. El personaje de Rózsika fue una misión muy importante para mí. El reto fue si hoy en día se podía escribir sobre el hecho de ser cristiano.

¿En Hungría o en general?

Sobre todo en Hungría. Noto alguna diferencia entre el significado de la palabra aquí y en Transilvania. Allí después de 1918 las iglesias se convirtieron en iglesias nacionales. Eran fuertes porque tenían una gran misión nacional: la tarea de salvar el idioma y de salvaguardar la identidad húngara. Debido a esta última, la Transilvania de hoy es más devota y en cierto sentido más cristiana que Hungría. Pero, claro, los gobiernos de la época de entreguerras también han hecho mucho daño a la palabra cristiano. Espero que el lector vea en la historia de Rózsika que si uno tiene una fe fuerte no se la pueden quebrantar desde fuera. Esa fe interior la veo en mucha gente, no es necesariamente una fe cristiana, sino fe en algún valor o en alguna forma de comportarse.

[…]

¿Tienes algún vínculo personal con las rosas?

Hay amores nunca consumados… pero con la rosa ya lo hemos consumado. Cuando alrededor de 1981 mi padre llegó por primera vez más allá de las fronteras de Hungría, viajó a Alemania del Este. Lo esperamos en casa con mucho interés para ver qué regalos nos traía: él trajo dos rosales. Tenía 8 ó 10 años y pensé que me había jodido aposta. Mi padre tenía una gran huerta en la que yo también disponía de un pequeño jardín de flores, y por eso tengo una relación importante con las plantas.

¿Con la tierra también o solo con las plantas?

Puesto que vivimos en la tierra, nos importa lo que está pasando debajo de ella o lo que se puede hacer con ella. Los dictadores plantan muy pocos árboles y eso debe ser simbólico.

Eni Rostás

Cortesía de Könyves Blog



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