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“Ya toca devolver los cuentos a los adultos. Si esto se lograra, viviríamos en un mundo mejor”. Entrevista a Ildikó Boldizsár, terapeuta de cuentos

Ildikó Boldizsár

1963–

Risueña, simpatiquísima, inteligente. Utiliza sus conocimientos y su talento en beneficio de los demás. Ildikó Boldizsár estudió filología en Budapest. Trabajó en varias editoriales de gran prestigio. Durante los últimos años de la carrera comenzó a dedicarse a los cuentos, especialmente a los cuentos populares, y publicó los frutos de sus investigaciones en varios tomos. Además, ella misma es autora de cuentos, y ha compilado y redactado un buen número de libros de cuentos. Continúa dedicándose a este género, pero ya no desde una perspectiva científica, sino explotando su fuerza terapéutica. Comenzó su labor terapéutica a finales de la década de los 1990, cuando iba a hospitales para leer a niños enfermos, y desde entonces va adquiriendo experiencia en este ámbito. Recogió sus experiencias y esbozó una teoría al respecto en su excelente libro Terapia de cuentos, de 2012. En 2010 se abrió en el pueblo de Paloznak, en parte por su iniciativa, el primer centro de terapia de cuentos del mundo. Sostiene que si se lograse devolver los cuentos a los adultos, viviríamos en un mundo mejor. Cabe añadir, que si hubiera muchas personas como Ildikó Boldizsár, también vivríamos en un mundo mejor.

Usted no llegó a la terapia de cuentos desde la psicología, sino desde los propios cuentos. ¿Cuánto tiempo lleva dedicada a ellos?

Exactamente treinta años. Durante la carrera, comencé a estudiar la relación entre los cuentos arcaicos y modernos. Más tarde, mi interés se dirigió exclusivamente hacia los cuentos folclóricos, y hasta hoy en día, éstos constituyen el centro de mis investigaciones.

¿Cuál fue la función del cuento antaño y cuál es hoy?

Los cuentos tenían un papel destacado en la vida de las comunidades arcaicas. La gente asimilaba las pautas de la comunidad a través de los cuentos, al mismo tiempo que encontraba en esas historias, consejos que podía aplicar a su propia vida. Antiguamente, los cuentos enseñaban y embelesaban a la gente a la vez. En la actualidad, apenas existen ya en Europa comunidades en las que se escuchen cuentos, por eso, para la gente de hoy los cuentos pueden ofrecer más bien advertencias individuales.

¿Por qué se encuentran en los cuentos de pueblos muy lejanos los mismos motivos, símbolos y estructuras?

Los procesos espirituales creadores de cuentos son similares en todo el mundo. Si hoy día, en cualquier rincón del mundo, un niño o un adulto crean una historia basada en la estructura de los cuentos folclóricos, se parecerá en gran medida a los de cualquier otro lugar. Para las imágenes y los símbolos del inconsciente colectivo no existen fronteras, y además nacieron junto con la humanidad.

¿Tienen rasgos típicos los cuentos folclóricos húngaros?

Por supuesto, en los cuentos de cada pueblo existen rasgos propios, que no son característicos de ningún otro pueblo. Los cuentos folclóricos húngaros se diferencian de los de otros pueblos en que, por un lado, el alma cobra en ellos un papel distinguido: en los cuentos folclóricos húngaros todo lo que nos rodea vive. Por otro lado, lo maravilloso y lo real viven en perfecta unidad, en simbiosis: no predomina ni lo real, ni lo fantástico.

¿A quiénes está dedicado el método de terapia de cuentos Metamorphoses, creado por Usted?

Elaboré el método, ante todo, para adultos, para “el tratamiento”, la curación de problemas, de desequilibrios físicos, psíquicos y espirituales. Mis alumnos, sin embargo, utilizan este método en todos los ámbitos de la vida: en centros de consulta educativa, en la red de cuidados paliativos, en la asistencia a las personas de edad avanzada, en psiquiátricos y cárceles.

“No hay situación en la vida que no tenga su paralelo en algún cuento”, afirma en su libro. ¿Esto realmente es así?

Como esta frase es la tesis fundamental del método, que ya ha superado muchas pruebas, no puedo hacer otra cosa que confirmarla: es así. El terapeuta tiene el deber de encontrar siempre aquel cuento que más puede aportar al paciente.

¿Cómo puede el cuento, más allá del intelecto, alcanzar, de forma conmovedora y afectando las emociones y el inconsciente, los rincones más recónditos de la personalidad?

Hoy día, ya tenemos constancia de que el “hambre de historias” del hombre está genéticamente codificada. Todos nacemos programados para la comprensión de historias, es decir, para aprender de ellas e incluso para crear, con la ayuda de las historias, nuestros propios tejidos individuales. La recepción o comprensión de los cuentos no se realiza con la ayuda del hemisferio izquierdo, sino con la del derecho, por eso, un cuento es capaz de conmover toda la personalidad.

En su libro escribe que el terapeuta no tiene el deber de “traducir el cuento para el paciente”, y que a lo largo de la terapia, el terapeuta recorre junto al paciente el camino que une a este último con el cuento en cuestión. ¿Qué significa esto? ¿En qué consiste en realidad el deber del terapeuta?

El terapeuta de cuentos “invita” al paciente a un cuento dado. Es como si tuvieran que lanzarse juntos a un pozo profundo. Esta empresa no carece de riesgos, igual que el camino del héroe. El terapeuta de cuentos debe estar presente en la historia del paciente como acompañante. Tiene que conocer los caminos, los obstáculos, y necesita saber a qué es capaz de desafiar ya el paciente, y qué es para lo que aún no está lo suficientemente maduro. Sin embargo, siempre es el paciente el que tiene que enfrentarse con el enemigo; el terapeuta no puede asumir esta tarea.

“Ya toca devolver los cuentos a los adultos. Si esto se lograra, viviríamos en un mundo mejor”. ¿Cómo se puede lograr esto?

Consiguiendo que los adultos vuelvan a pasar más tiempo escuchando y contando cuentos. Durante siglos, el cuento fue un género de adultos, por eso deberían recuperar ellos lo que había sido suyo y que perdieron en algún momento y en algún lugar.

Texto: Eszter Orbán


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