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Corazón de conejo, lengua de libélula

Orsolya Bencsik


Orsolya Bencsik nació en 1985 en Topolya, una ciudad pequeña en Serbia, a 44 kilómetros de la frontera húngara, en la parte central de la Provincia Autónoma de Voivodina. Su primer libro, que recogía obras de distintos géneros bajo el título Y echa su añil en el agua del cielo [Kékítõt old az ég vizében] (2009), recibió el premio Ervin Sinkó, el segundo ¡Acción! [Akció van!] fue publicado en 2012 y galardonado con el premio Szirmai. En 2014 recibió el premio Sziveri a la mejor obra en idioma húngaro publicada en Serbia, y quedó primera en el Concurso de Obras de Teatro de Voivodina.

Un cuento con corazón

Al verdadero Cuniculus

El abuelo tenía mucho que ver con los gatos, sin embargo esta historia trata de conejos. Para ser más exactos, de un conejo. De abuelo conejo. De cómo se casó con abuela libélula. La historia sucedió hace unos cuarenta años – si lo cuento bien – a mediados de los años cuarenta. Abuelo conejo está en el prado. Se pasa el tiempo comiendo, bebiendo, durmiendo y copulando. Abuela libélula vive junto al lago en el cañaveral. Vive justo allí por donde pensaríamos hallar la casa de la ondina, si todavía creyéramos en cosas semejantes. Hay una ciudad cerca del prado de cuyo nombre no quiero acordarme. Hace un sol bastante intenso, la gente trabaja sudando,El hedor y el polvo flotan en el aire. Abuelo conejo tampoco puede huir de esta mezcla. Se rasca a menudo, sobre todo las orejas. No le tiene miedo a la escopeta, y menos a los disparos, los ha oído ya bastantes veces, aunque es todavía un crío. Abuela libélula es todavía más cría. Tiene el color tal vez azul, pero si me lo pienso bien, puede que tenga algo de verde. Y si tira a verde, seguramente, es verde turquesa. Sabe volar veloz, lo que la hace sentir orgullosa, junto con el saber de antemano, que fundará su familia en un país que se llama Yugoslavia. Sus hijos serán pioneros y ella planchará alegremente sus pañuelos rojos. También sabe que cada estado miembro, perdido el color de sus alas azules, se desvanecerá un poco más. En vano le dirá a abuelo conejo que eso no es señal del envejecimiento, sino de la carencia; abuelo conejo no la escuchará porque ya llevará años guardando cama. Todo eso sucederá cuando abuelo conejo llegue a saber que ya no tiene mar. No tiene donde mojarse los pies. No tiene por qué temer a los tiburones. No podrá estirarse bajo el parasol evitando la insolación, no podrá mirar a los cuerpos femeninos desnudos. Abuelo conejo guarda cama en el cuarto pequeño, justo enfrente de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Jesús le está ofreciendo el Corazón Sangrante, pero abuelo conejo solo mueve la cabeza de un lado a otro. ¡Mejor chúpame tú el corazón! Abuela libélula revolotea enfadada alrededor de él; ella estaría dispuesta a chuparle el corazón a abuelo conejo si no pensara que aquello se encuentra bajo el pecho izquierdo. Lo oye latir desde allí, piensa que es el corazón y no los pulmones donde uno siente pinchazos cuando se le pincha algo. Es que el corazón – resulta más tarde – se encuentra más o menos en el centro. Abuela libélula lo chupará hasta que se derrita del todo y con cada lamida tendrá menos pena. El corazón es como el helado, gemirá abuelo conejo, la entraña más entrañable. Durante el verano se derrite con más facilidad, en el invierno te da dolor de garganta. Tengo la impresión de que el corazón de abuelo conejo sabe a mosca de fruta; por eso, a abuela libélula le gusta tanto chuparlo. Sin embargo, abuelo conejo no murió porque a abuela libélula le hubiera apetecido comerle el corazón. Abuelo conejo murió por ser curioso. No sabía quedarse quieto. Aun de viejo, quería analizarlo todo. Afortunadamente todavía no le había pasado nada fatal. Ahora, claro, tengo que saltar muchos años. Tengo que llegar más o menos al momento en el que yo también había nacido sin ser demasiado mayor para convertir a abuelo conejo en bisabuelo conejo. Por aquel entonces abuelo conejo ya se había levantado de la cama, había vuelto a andar; ya no le interesaban el mar que se le había quitado, ni las mujeres casi desnudas. Volvió a asistir a matanzas, seguía siendo rápido en sacar con el cuchillo el alma de los cerdos, en tirar el corazón al barreño de metal, y observaba a abuela libélula posarse sobre el corazón del cerdo: nadie podía ahuyentarla antes de que lo chupara del todo. Para entonces, abuela libélula ya se había descolorido tanto, que parecía transparente y solo era visible gracias a la lengua sangrienta. En realidad por aquel entonces, abuela libélula ya solo era una lengua sangrienta. Existía en su calidad de lengua, en el acto de chupar. Sin embargo, el mensaje del cuento no revela nada importante sobre ella. El verdadero mensaje del cuento es que la curiosidad es la cosa más peligrosa del mundo. ¡NO TE ATREVAS! ¡NO PREGUNTES! ¡NO MIRES! Y lo más importante es que nunca pongas tus suaves extremidades a bordo de naves fluviales de dudoso aspecto. No pongas las extremidades a bordo de ninguna clase de vehículo, ni tampoco las posaderas porque al final, te encontrarás en los Estados Unidos. En los Estados Unidos donde la luna es de queso. En los Estados Unidos donde los varones no tienen vello. En los Estados Unidos donde no hace faltar cerrar los ojos para soñar. Deambulas aturdido por las calles de Nueva York, y al final te agarran por las orejas, y te llevan a un laboratorio secreto para administrarte inyecciones. Abuelo conejo, en el futuro distante cuando yo ya también haya nacido, navegará hasta los Estado Unidos donde llegará a ser el único de su familia que se convierta en conejo para experimentos, y después – como todos en su familia – en conejo muerto. No ha habido suerte con el invento del elíxir cunicular. Abuelo conejo estiró la pata antes de conseguirlo. No le aguantó más el corazón. Su corazón de sabor de mosca de fruta. Abuela libélula, en su calidad de lengua sangrienta, llora por él. Sus lágrimas forman un mar, el mar perdido de abuelo conejo. En el cuarto pequeño, nadan tiburones, chillan mujeres desnudas. No se puede ir más allá. El país exige en vano la extradición del cadáver, los Estados Unidos se han cerrado en banda. Entonces, cuando yo ya haya nacido, todas las televisiones, emisoras y periódicos nacionales dirán que abuelo conejo murió como un héroe. No sé exactamente qué significa eso, pero pienso que un día, a principios de los años dos mil diez, estaré orgullosa de ello. De ser el descendiente de tal conejo. Yo, el descendiente de madre coneja y padre caballo. Voy a nacer en el ochenta y cinco. Calvo.

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