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El absurdo humor húngaro

Katalin Vinczellér

Frigyes Karinthy con amigos en la playa
Frigyes Karinthy con amigos en la playa
“- Tengo un tumor muy bien desarollado para usted, querido doctor, si le interesa… Se trata de un ejemplar magnífico, digno de un especialista y coleccionista como usted. Se lo dejaría a muy buen precio.”

(Frigyes Karinthy: Viaje en torno de mi cráneo, Trad. de Oliver F. Brachfeld, Galaxia Gutenberg, 2008)

––Y de salud ¿cómo se encuentra?

––No tengo motivos para quejarme.

––Pero ¿por qué arrastra esa cuerda tras de sí?

––¿Cuerda? –pregunto, echándo una mirada hacia atrás–. Son mis intestinos.

(István Örkény: Cuentos de un minuto, Trad. de Judit Gerendás, Thule, 2007)

Hay treinta años de diferencia entre la primera edición del libro de Frigyes Karinthy (1887-1938) Viaje en torno a mi cráneo y Cuentos de un minuto, de István Örkény (1912-1979). Unos treinta años muy importantes puesto que el primero fue publicado en 1938, y el segundo en 1968. Sin embargo, las diferencias fundamentales no se deben a los cambios históricos en Hungría y en el mundo en esos treinta años, aunque más allá de su primer significado general, fácilmente concebible, los dos tienen profundas raíces en la “realidad”; es decir, su base es una experiencia concreta e identificable. En el caso de la obra de Karinthy, la realidad es tan directa que el género de su libro es casi indefinible dado que la narración es la historia de su tumor cerebral desde los primeros síntomas hasta la intervención con positivo resultado. Sin embargo, su obra no es una novela documental, no es un diario, un testimonio o un autoanálisis. Su forma es tan flexible y plástica que podría caber incluso en la categoría de novelas de viaje porque es la narración cautivadora, novelesca y expresiva de una aventura. El método creativo según Karinthy es: “La realidad como género no necesita el apoyo creativo del artista ni en la composición ni en el enfoque. La razón simple es que la realidad –ni idea de cómo lo hace, tengo que reconocerlo– es capaz de componer. Compone y agrupa como los escritores”. Deberíamos suponer que Karinthy simplemente observaba y registraba. Esa bonita idea romántica sólo sirve para engañar deliberadamente al lector ingenuo, aunque es cierto que tiene una parte de verdad: su relación con los acontecimienos experimentados es más sensible que en el caso de las obras meramente literarias.

Los Cuentos de un minuto de Örkény también tienen una relación peculiar con la realidad. Muchos de ellos usan el lenguaje periodístico de los anuncios, e históricamente están muy arraigados a la realidad centroeuropea de los años sesenta, al régimen que se atrevía a llamarse socialista. Justamente por esa razón su interpertación y recepción deben ser distintas para un lector del siglo XXI, con un pasado y unas experiencias diferentes. Sin embargo, su visión grotesca y su humor absurdo, capaces de representar los conflictos, las situaciones humanas de manera compacta, densa, son independientes de la época y de la ideología política actual. Este enfoque al revés que invierte el orden y lo vuelve todo literalmente de arriba abajo, más el tono descarado que aparenta no respetar nada ni a nadie, son los que tienen en común ambos autores. Sus obras nos brindan la ocasión de tener una visión diferente de lo habitual y cotidiano, sobre los momentos más oscuros de la historia mundial del siglo XX y sobre la lucha contra una enfermedad mortal.

Cuando en la literatura húngara se habla de humor, es seguro que ocho de cada diez lectores mencionan el nombre de uno de los dos. La obra más popular de Karinthy, Así escribís vosotros, no es otra cosa que la parodia y la caricatura despiadada de los grandes autores del canon mundial y húngaro. En Hungría estas parodias son más conocidas que las obras generales. Por el tono irónico de sus cuentos y dramas, y por su actitud siempre dispuesta a burlarse de todo y de todos, Örkény es uno de los autores más conocidos y más queridos de las letras húngaras. Sin embargo, hay una similitud más entre los dos autores que parece perderse entre tanto humor grotesco. Es esa parte trágica, acompañada a veces de cierto lirismo, que define los valores morales de ambos. Parece que detrás de la sonrisa burlona, a veces prepotente y a menudo cínica, se esconde un sentimiento de responsabilidad ontológica y moral que carece de todo humor y gracia.

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